Malvinas, junio

 Estoy aquí sentado en una fría piedra.

El sol invernal no puede calentar mi corazón congelado por maltratos.
Mucho menos puede calmar mi estómago, vacío hace meses por los que decían ser mis jefes.
Tampoco puede sanar mi cuerpo malherido por el clima y los golpes del enemigo.
Tampoco puede devolverle la luz a los ojos de mis amigos, que descansan en la tierra devastada y llena de pozos.
20 años.
Me arrancaron de mi familia, de mi novia, de mi trabajo, de mi vida.
Me quitaron mi tiempo, mi juventud, mi inocencia, hasta la ropa. Solo me dejaron los calzones, una camisa y la cadenita con la cruz. En pleno junio. Simularon dispararme y se reían.
Luego un ángel me prestó algo de su ropa para soportar el clima. Esa campera, esos guantes, ese tapaorejas, en un gesto que no olvidaré jamás.
Estoy aquí sentado en una dura piedra.
Cuando ese hombre de campera marrón tomó la cámara que colgaba de su cuello, no lo dudé. Me erguí y lo miré. Sin odio, sin dolor, sin soberbia. La guerra me despojó de varias cosas, algunas que nunca voy a recuperar por más que las décadas pasen. Pero nunca pudieron quitarme mi dignidad.

Fran

Originalmente publicado el 3 de abril de 2021

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