La violencia en el fútbol y en la sociedad

Estudiantes y Gimnasia empataron 4-4 en un vibrante clásico de diciembre 2021. El jugador pincha Leandro Díaz, autor del empate, declaró que "empatamos porque la gente paró de cantar cuando iban ganando 4 a 2 porque son cagones. Estos son cagones". Esto causó una lógica repercusión, includo el cuestionable presidente de Gimnasia, Gabriel Pellegrino, que dijo que iba a acusar penalmente al jugador. Luego sucedieron disturbios y en general un clima desagradable en la ciudad de La Plata.


 


Una de las varias razones por las que no hablo tanto de fútbol como antes es porque saca lo peor de mí. Ansiedad, impotencia, estrés, bronca, bronca, bronca y más bronca. Afortunadamente y gracias a mi naturaleza reservada, no pasa de mi mayor intimidad, y el mayor destrozo cometido ha sido alguna prenda de vestir arrojada al piso. Sin embargo, estuve intentando salir de esa espiral descendente de emociones negativas y tomar el deporte como un entretenimiento más, uno fuerte, sí, pero que no guía los pasos de mi vida ni me lleva a lugares oscuros. Me encantaría poder decir lo mismo de otros hinchas, jugadores y dirigentes.

Se volvieron tristemente virales las palabras de Leandro Díaz, jugador de Estudiantes, tras el partido de ayer. Sus desafortunadas declaraciones y el revuelo que han generado están llevando la conversación de este deporte a terrenos que no deberían. Está de más decir que no apruebo, ni comparto, ni celebro las declaraciones del Loco Díaz, que estuvieron fuera de lugar, innecesarias y fueron una pésima decisión de su parte. La Pulga Rodríguez, goleador de Gimnasia, declaró que iba a llamar al Loco (ex compañero suyo en Atlético Tucumán) para ver si pide perdón, ya que “los jugadores no podemos incentivar la violencia”. Estoy completamente de acuerdo, y pienso que con la disculpa del jugador (recientemente difundida por Estudiantes) debería darse por finalizado el tema. Pero no.

La rueda infinita de violencia ya se había puesto en marcha. Discusiones en Twitter, declaraciones inventadas de otros jugadores sobre el tema, un dirigente de Gimnasia declarando que van a iniciar acciones legales contra el jugador, disturbios en la salida del estadio tripero, ambos estadios amanecidos con pintadas y el tema seguirá para largo. Me encantaría poder decir que esto es parte del folclore propio del fútbol (esa palabra mágica que utilizamos para justificar nuestra violencia, para hacernos los boludos cuando gente de nuestro equipo se manda una cagada), pero yo creo que debemos trazar la línea. Cuando el receptor del ataque es gente real, ya no es una chicana, es simplemente violencia. Desde los jugadores agarrándose a golpes en 2016 hasta el nabo de la televisación que enfoca a un pobre hincha tomándose la cabeza para que le hagan memes. El verdadero folclore del fútbol es gastar a tu compañero de trabajo o a tu pariente (o sea, gente con la que tenés un vínculo y que se entiende que es solo una broma), cantar canciones de letras cuestionables en la cancha, hacer el siete o decir que abandonaste o el terremoto o lo que quieras. No debería ser más que eso. No DEBE ser más que eso.

Todo lo demás es violencia, en mayor o menor medida, pero violencia al fin. Y no importa quién empezó, eso es discusión de niños en el colegio. Acá somos la gran mayoría adultos y estamos en plena condición de no responder ante una provocación. Si te provocan y la seguís sos igual de culpable que el provocador. Todos tenemos la llama incipiente de la violencia dentro nuestro, y es nuestra responsabilidad mantenerla a raya. La llama puede avivarse de mil maneras: el nabo de Twitter inventando declaraciones o creando cuentas falsas para burlarse del rival, el jugador que dice barbaridades, el periodista que le da prensa, los dirigentes que con su denuncia le dan mayor entidad a las declaraciones de un inconsciente, el jugador hipócrita que condena las acciones de los demás cuando en clásicos anteriores realizó acciones similares, el cabeza de termo que graffitea el estadio del rival y la lista sigue.

Por supuesto, no pienso que haya que prohibir o censurar a nadie. Soy un ferviente defensor de la libertad de expresión, ese derecho básico que deberíamos negarnos a perder. Sin embargo, le pido consciencia a cada persona. Pido que cada quien analice en su intimidad qué está haciendo. En lugar de llenarnos la boca contando lo mal que están las cosas en este país o lo podrida que está la sociedad, ¿por qué mejor no empezar el cambio en nosotros mismos? Reconozcamos que la sociedad la conformamos todos y que la violencia es un problema de todos, sin distinciones. En vez de putear a alguien que cruza mal la calle, de gritarle a nuestra pareja o de burlarse del diferente, detengámonos y pensemos en lo que estamos haciendo. Rompamos el círculo. Basta con que las cosas se hagan un poquito bien para que esto mejore.



Fran

Originalmente publicado el 6 de diciembre de 2021.

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