Dos cortas opiniones sobre Maradona


Más allá de sus virtudes y defectos como persona, o de su modo de ser que podía caer mal, siempre me llamó la atención la relación de la gente con Maradona. El grueso de la población no veía en Diego un jugador de fútbol, sino que lo sentía parte de su propia familia. Creo que Maradona, con su modo de ser tan transparente y sincero, con sus altas y sus bajas, daba una sensación de cercanía; uno podía verlo como un hijo, o un hermano, o un tío. También uno podía relacionarse con él: siempre demostró ser falible, susceptible a los excesos y propenso a cometer malas decisiones. Lejos de ser un Dios, creo que su mayor virtud como figura pública fue ser muy humano, tanto o más como cualquiera de nosotros. Quizás eso explica tanta admiración por parte de los argentinos para con él, incluso aquellos que no lo vieron jugar.





Hablando de momentos de Maradona, hay infinidad de ellos. Uno que siempre recuerdo es este.

Si bien venía mal desde el 2000, en el año 2004 fue donde peor la pasó. Estaba muy mal físicamente, de hecho en abril estuvo muy cerca de la muerte: fue internado en la clínica Suizo Argentina por una crisis de hipertensión e insuficiencia respiratoria.

Antes que eso, el 3 de abril de ese año, Estudiantes estaba concentrando en el Country de City Bell, para jugar el clásico contra Gimnasia, que se iba a disputar el día siguiente. El entrenador pincha era Carlos Bilardo. El Doctor apeló a una de sus clásicas cábalas y formó un partido de fútbol informal entre sus colaboradores (Verón padre, el Tata Brown, Miguel Lemme, el Negro Enrique) y los periodistas. Pero el Narigón quiso un refuerzo de lujo y le pidió al Diego que asista al partido.

Maradona aceptó gustoso, se puso los botines de Marcos Angeleri y se metió a la cancha. Su equipo ganó 7 a 1 e hizo un gol de penal. Corrió como pudo, jugó como pudo y por sobre todo intentó divertirse cuando más lo necesitaba. El periodista platense Colo López recuerda que el Diego lo quería pisar porque entró a jugar descalzo.

Me gusta recordar esta anécdota porque el tipo encontró en el predio de mi club un refugio aunque sea momentáneo de sus problemas, causados por él mismo. Las figuras públicas siempre están en el ojo de la tormenta por cada cosa que hacen, él lo estaba más, pero era un ser humano como cualquiera, y tenía derecho a un descanso de sus propios fantasmas.



Fran

Originalmente publicados el 25 de noviembre de 2020, día de la muerte de Diego Armando Maradona

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